 La idea de Buda es que el yo, como tal, no existe, ya que aquello que denominamos compulsivamente ???mi yo??? está permanentemente cambiando y se trata de un simple concepto que emerge en cinco etapas analíticas que él denominó skandas.
Este concepto de vacuidad se denomina no-yo (anatmán) y es compartido por todas las esuelas de budismo. En cambio, la enseñanza de shunyata que podemos asimilar a los descubrimientos de la física moderna provienen de una línea particularmente avanzada dentro del budismo, la filosofía Madyamika, que surgió aproximadamente al comienzo de la era cristiana, hace unos dos milenios y que sirvió de fundamento filosófico para la principal rama del budismo actual, el Mahayana.
Uno de sus principales exponentes fue el gran filósofo Nagarjuna, quien fue un paso más allá al negar la existencia independiente (esto es: en sí) no sólo del yo (observador) sino que también del objeto (observado) e incluso de la observación (distinción) misma, fundando así la escuela filosófica del Madyamika.
En efecto, desde el punto de vista del objetivista extremo, tanto el observador como el objeto e incluso la distinción misma existen de manera independiente. Este punto de vista es fácilmente criticable porque resulta bastante evidente (al menos, a mí me parece así) que el fenómeno de distinción no puede existir sin observador y objeto. Para poder observar un reloj tiene que existir tanto el reloj como el observador.
El propio Buda, como hemos visto, mostró que el observador carece de un existencia sólida, permanente y absoluta, ya que el observador emerge de las distinciones u observaciones.
El último paso lo da Nagarjuna al sostener que incluso el objeto de observación (el reloj, en nuestro ejemplo) carece de existencia independiente. ??l demostró esto con un argumento lógico: si un objeto existiera pero no pudiera ser observado jamás ¿qué sentido tiene decir que existe? Este tipo de razonamiento lógico corresponde a aquello que se denomina reducción al absurdo, ya que consiste en negar aquello que se quiere demostrar para obtener como conclusión algo imposible, demostrándose así -indirectamente- que la negación misma que dio origen al absurdo no puede darse.
En el caso anterior, por reducción al absurdo, hemos concluido que no puede darse jamás un objeto existente que sea completamente imposible de observar. Ahora bien, si es un requisito para la existencia del objeto que éste pueda ser observado por alguien, entonces acabamos de demostar que el objeto solamente existe como tal en la medida que existe para alguien y, por lo tanto, no es independiente; no existe de manera absoluta, ya que para que surja como objeto hay un requisito lógico que es imprescindible y necesario: la existencia de -al menos- un observador que lo distinga.
Esta idea podría mal interpretarse y la historia de occidente demuestra que de hecho se malinterpretó durante milenios, llegándose al extremo de pensar que el budsimo era nihilista, que sostenía la inexistencia de las cosas. Sin embargo fue el propio Nagarjuna quien aclaró esto desde un comienzo. En efecto, el nombre de la filosofía Madyamika, deriva directamente del término que empleó Nagarjuna para referirse al camino del medio, aludiendo al espacio entre el nihilismo y el materialismo (conocido en el budismo como "eternalismo"). Nagarjuna sostenía que negar la existencia de los observadores o de los objetos era evidentemente estéril, pues nuestra experiencia fundamental cotidiana lo desmienten con total claridad, en la medida que lo que existe para mí -como fenómeno- soy yo y mi circunstancia, si queremos emplear el lenguaje de José Ortega y Gasset.
En definitiva shunyata se refiere, entonces, a la interdependencia de todas las cosas, en tibetano ???ten del??? (origen dependiente). El principio de origen dependiente se aplica en tres formas: causalidad, abstracción y distinción.
El origen dependiente se aplica al fenómeno de la causalidad mostrando que todos los fenómenos son a la vez causa y efecto y que, simultáneamente, todos los fenómenos tienen -a su vez- causas y efectos. De esta manera se comprueba que no existe fenómeno alguno que sea totalmente idependiente del resto. Por ejemplo uno puede pensar que los brotes de virus hanta no están relacionados con las inundaciones y, en efecto, en primera instancia, no existe relación directa entre ambos fenómenos. Sin embargo, ambos tienen causas comunes. Se sabe que las inundaciones se deben a alteraciones climatológicas como los fenómenos del Niño y de la Niña, los cuales se gatillan por variaciones en la temperatura promedio del planeta. A su vez, el calentamiento global tiene un efecto negativo sobre el sistema inmunológico de los roedores, particularmente del ratón colilarga, portador del hanta.
El concepto de origen dependiente también se aplica en relación a los distintos niveles de abstracción que se dan en la observación. Un sistema puede ser percibido como unidad simple o como unidad compuesta. Cualquier cosa visible siempre estará inserta en algo que lo contiene y a su vez estará formada por cosas que la componen, por lo tanto existe un origen lógico dependiente de los compuestos en términos de sus componentes.
Ahora bien, a pesar de que todo está conformado por componentes, estos componentes no definen al todo, ya que los componentes de un sistema siempre cambian, aunque el sistema -como totalidad- se mantenga. Esta idea fue expresada en tiempos del Buda por el filósofo griego Heráclito, cuando expresó su célebre sentencia: ???Nadie se baña dos veces en el mismo río???. En efecto, si nos preguntamos dónde está la identidad de un río determinado, concluiremos que no se encuentra en el agua siempre mutante que lo conforma y constituye. El concepto de origen dependiente se aplica aquí en términos de distinción.
Esto significa que si buscamos la verdadera identidad de un sistema, no la encontraremos en sus componentes. Lo mismo ocurre con un equipo de fútbol, por ejemplo, sus jugadores van cambiando con el tiempo, hasta el diseño de la camiseta, los gritos de la barra, el estilo de juego, todo va cambiando, ¡sin embargo, hablamos de ese equipo usando para él el mismo nombre que tenía hace cien años! ¿Cuál es la esencia de las cosas? ¿en qué radica la manzanalidad de la manzana, la caballalidad del caballo? Al parecer, solamente en la capacidad que tenemos como observadores de distinguirlos como sistemas y dotarlos así de identidad.
En resumen, el planteamiento de Nagarjuna es el siguiente: ???Las cosas derivan su ser y su naturaleza de su interdependencia mutua y en sí mismas no son nada???. Esa es en definitiva la idea de shunyata. No significa que las cosas no existan, sino que existen pero son mutuamente interdependientes y, por lo tanto, no tienen existencia aislada o en sí mismas.
Durante el siglo XX, el pensamiento cosmopolita de raigambre occidental ha redescubierto esta filosofía al percatarse que la ciencia contemporánea corrobora de la manera más radical y categórica los preceptos de la filosofía Madyamika. En primer término ha sido la física y particularmente la mecánica cuántica la que ha establecido con la rigurosidad propia del método científico que, en efecto, cuando uno descompone un objeto físico en sus componentes llega a un punto muerto que es la partícula-onda. Se trata de una entidad inimaginable pero susceptible de representar matemáticamente como la probabilidad de que pase algo. Por ello Bertrand Rusell decía: ???El hombre corriente piensa que la materia es sólida; pero el físico piensa que es una onda de probabilidad, que ondula en la nada. Dicho brevemente: la materia en un lugar determinado es definida como la probabilidad de ver en ese lugar un fantasma???. En consecuencia la partícula-onda no existe en sí, no tiene existencia intrínseca, su naturaleza es shunyata, sólo existe en la medida en que interactúa con otras partículas cuánticas, tiene origen dependiente.
La segunda variante del origen dependiente, la que dice relación con los sistemas como unidades compuestas, se aplica aquí de manera profética, ya que en mecánica cuántica todas las partículas existen como combinaciones de otros tipos de partículas cuánticas. Llegamos así a un punto en que no es necesario seguir descendiendo en la pirámide reduccionista. Podemos estar confiados que esta pirámide se yergue sobre cimientos recursivos, no es necesario afanarse en buscar el verdadero átomo (indivisible): todas las cosas son tomos (partes).
Cabe aclarar que incluso aquella rama de la física moderna que es la cromodinámica cuántica, fundada por el premio Nobel Murray Gell-Mann, llega a conclusiones similares por una vía distinta. Para Gell-Mann las partículas cuánticas sí se pueden dividir, en subpartículas denominadas quarks. Sin embargo estos quarks tienen un comportaiento tan bizarro -denominado confinamiento- que más bien pareciera tratarse de un mero mecanismo nemotécnico para calcular o acordarse de las características de cada partícula cuántica, ya que -precisamente- el principio de confinamiento lo que hace es impedir la división de la partícula cuántica, volviéndose así a la idea original de que todas las cosas son compuetas.
Dicho de otra manera, cuando buscamos los componentes básicos de la naturaleza llegamos a las partículas cuánticas. Una vez allí podemos optar por dos vías. La primera conciste en reconocer sencillamente que todas las partículas existen como combinación de otras. La segunda posibilidad es forzar a la naturaleza a descender otro peldaño, para encontrarnos con los quarks. Pero la característica única de estas subpartículas es que nunca existen en forma independiente o separada. Están confinados y, por lo tanto, debemos admitir que solamente existen en la medidad en que forman parte de una partícula que los contiene.
Finalmente, la tercera forma del origen dependiente también se manifiesta en mecánica cuántica. Me refiero a la dependencia objeto-observador. Las partícula-ondas cuánticas tienen peculiaridad muy interesante, su propia constitución queda indefinida si la partícula no es perturbada. Ahora bien, para observarla, es necesario perturbarla. Esto es lo que estableció matemáticamente Werner Heisenberg en el famoso principio de incertidumbre o indeterminación. En efecto, la física cuántica ha introducido el concepto de partícula virtual para referirse a las posibilidades invisibles de estructura interna que tiene una partícula en el interín que no es perturbada (recordemos que las partículas cuánticas existen como combinaciones de otras partículas). Esto significa que la partícula propiamente tal solamente aparece tras la participación de un observador, volviéndose así a caer en la idea de origen dependiente.
Más adelante la cibernética, particularmente su vertiente más actual que se denomina ???de segundo orden???, ha generalizado el principio de Heisenberg para todos los sistemas. En otras palabras, nunca es posible observar a un sistema sin perturbarlo. Esta idea implica que en un sentido filosófico y profundo el sistema depende a tal extremo del observador para originarse como tal que resulta más práctico asumir sencillamente que el observador y el sistema forman parte de un solo sistema cibernético. Es decir que, para la cibernética de segundo orden, la naturaleza se revela como una pintura de Escher en que la mano se dibuja a sí misma, el observador forma parte del cuadro que mira, o algo por el estilo. Esta idea ha trascendido el ámbito de las ciencias puras y ha llegado a la filosofía bajo la denominación de "constructivismo radical".
No es extraño entonces que las escuelas más avanzadas de filosofía contemporánea, aquellas que se hacen cargo de los descubrimientos hechos por la física, la cibernética y la neurociencia, acaben coincidiendo con los postulados fundamentales de la rama más elevada de la filosofía budista.
Por Luis Eduardo Bastías Ingeniero Civil Informático Investigador en Ciencia Cognitiva Universidad Canada West
Haré un comentario de Chesterton, escritor. Decía que ‘loco’es quien lo ha perdido todo, menos la razón. Que loco es quien ha desbaratado su alma y solo conserva la felicidad instrumental de su espíritu. Savater, filósofo, dice que la preocupación social de hoy por psijé es clínica o burocrática. Que importa lo psico-analítico, lo psiqui-átrico, lo psico-social, lo psico-lógico, lo psico-técnico…, pero que lo psíquico en cuanto tal (‘el alma pura’) no preocupa en cuanto se desvía de lo morboso o de lo criminal. María Zambrano, filósofa, escribió:’ Gran tranquilidad ha proporcionado a gran parte de la psicología y otras ciencias humanas o del espíritu el prescindir de esto, que se nos da a sentir como ésta, llamada tradicionalmente alma… ¿Es posible someter tranquilamente al análisis el alma, el alma misma?...Esa alma tan ligada a sentidos y sentimientos no es algo que tenemos, sino algo que nos pasa…El que despierta con ella…, deja la guarida del sueño y del no-ser: ser y vida unidamente se orientan hacia allí donde el alma les lleva. Renace. Y así el que se despierta con su alma nada teme. Y cuando ella sale dejándole en abandono conoce, si no se espanta, algo, algo de la vocación extática del alma. Ese vuelo al que ningún análisis científico puede dar alcance’ (Claros del bosque).
‘Estar loco’ no se puede certificar por alguien que no sea uno mismo. Necesitas haberlo perdido ‘todo’ (haber desbaratado tu alma) para estarlo y autocertificarlo. Si te despiertas con ella extasiada y escribes en este blog no estás ‘loco’. No hay ciencia que pueda analizar el alma. La mía no está desbaratada. Debajo de mi bipolaridad humoral yace un alma no susceptible de diagnósticos y de terapias extrínsecas.
Carlos Sarod
Fuente: http://neurofilosofia.blogspot.com/2006/12/la-locura-del-alma-desbaratada.html

Al principio, Neo no podía creer que estaba dentro de un programa informático y eso que Morfeo ya le había explicado que Matrix era precisamente eso, un mundo irreal creado por las máquinas y puesto ante sus ojos para hacerle pensar que era la realidad. Según su mentor, ese universo había sido creado para esconder que el elegido, como otros muchos humanos, era un esclavo de las máquinas. No se sabe quién se inspira en quién, si los científicos en los guionistas o al revés, pero lo cierto es que lo concreto se parece cada vez más a la ficción. Después de alrededor de 30 años de desarrollo, la realidad virtual va a entrar definitivamente en las vidas de los ciudadanos de a pie y lo hará de la mano de las neurociencias en general y de la psicología en particular. La diferencia con el mundo descrito en 'Matrix' es que los hombres y mujeres de ciencia consideran que el espacio cibernético puede ser curativo.
Los expertos prevén que la realidad virtual será una de las formas de terapia psicológica que más va a crecer en los próximos 10 años. Y concretamente el grupo europeo de investigación más activo y con más experiencia en este campo se encuentra en Castellón, en la Universidad Jaume I, dirigido por Cristina Botella. Esta metodología ya se está aplicando al tratamiento de patologías como la fobia social, el miedo a volar, el estrés postraumático provocado por acontecimientos como el 11-S o la participación en conflictos bélicos, entre otros. La doctora Botella ha afirmado además que numerosas clínicas distribuidas por toda la geografía española ya han comprado los programas creados por el equipo de Castellón y los están usando como parte de la terapia de estos trastornos. Pero esto es sólo el principio, porque el grupo español está investigando el modo de emplearla en la depresión y se han creado auténticos universos virtuales para descubrir los misterios del comportamiento humano y las emociones que nos mueven.
Por si fuera poco, en un futuro muy próximo, cada enfermo podrá descargar de su PC el programa y decidir en qué momento quiere administrarse el tratamiento. A este fenómeno se le conoce como telepsicología. El grupo de Botella ya ha desarrollado un programa interactivo para superar el miedo a hablar en público que ya está disponible en la Red.
Algunos estadounidenses han penetrado una y otra vez en la Zona Cero en el momento en el que dos aviones se estrellaban contra las Torres Gemelas. Otros han revivido repetidamente los ataques de las guerrillas en medio de las selvas vietnamitas. Todos ellos lo han hecho de la mano de programas de realidad virtual que recrean las imágenes de unas vivencias que les han provocado un trastorno por estrés postraumático y el objetivo ha sido la terapia.
También en nuestro país, los pacientes están siguendo tratamientos para las alteraciones psicológicas basadas en la tecnología más moderna. El equipo de la Universidad Jaume I de Castellón ha tratado a cientos de personas con ayuda de la realidad virtual. No sólo lo hacen en el marco de la investigación, sino que la aplican «de forma rutinaria en sus consultas», explicó a SALUD Cristina Botella, la responsable de la unidad. Además «numerosas clínicas en toda España han comprado los programas creados por nosotros y los están usando como parte de sus tratamientos». Porque el grupo de Botella, además de aplicar la metodología y explorar sus posibilidades, también se dedica a crear escenarios específicos para diversas patologías.
Aunque el primer dispositivo de lo que más tarde se denominaría realidad virtual fue concebido en 1968 por Ivan Sutherland, las primeras aplicaciones prácticas no estuvieron disponibles hasta los 80 en forma de simuladores de vuelo y de conducción. Su objetivo inicial era el entrenamiento de los nuevos pilotos y conductores en un entorno controlado y seguro. Un poco más tarde, ya en los 90, los mismos escenarios comenzaron a emplearse para superar el miedo a volar o a conducir. A la vez se desarrollaban programas de formación en anatomía y en cirugía. La realidad virtual había entrado en la medicina. Ya en el nuevo milenio arranca VEPSY, un proyecto europeo de Telemedicina y entornos virtuales para la psicología clínica del que forma parte el grupo de investigación de Castellón.
Existen dos formas de concebir el mundo virtual dentro de la medicina. En una de ellas, la tecnología es una herramienta de apoyo que ensambla una gran cantidad de datos procedentes de diferentes fuentes y que facilita el trabajo del especialista. Un ejemplo de ello podría ser la reconstrucción tridimensional casi real de una zona del cuerpo del paciente a partir de las imágenes obtenidas por resonancia magnética o escáner que permite al cirujano visualizar la zona de intervención.
Pero existe otro modo de abordar las nuevas tecnologías mucho más osado que se adentra en lo que hasta ahora ha sido la ciencia-ficción para los ciudadanos de a pie. En neurociencia, el objetivo es la interacción humano-máquina. Se busca que el paciente se sumerja en un mundo tridimensional creado por un ordenador de la misma manera que pasea por las calles de su ciudad y de este modo que experimente la sensación de estar ahí, lo que significa que su cerebro y, por ende, todos los sistemas de su organismo y las emociones reaccionan como si el entorno inventado fuera la realidad real.
IMÁGENES. Es, precisamente, esta característica la que los especialistas en ciberpsicología consideran una herramienta muy valiosa. En realidad, la creación de imágenes mentales es una práctica tradicional en psicoterapia. Un sinfín de métodos que van desde la interpretación de los sueños hasta las técnicas de reestructuración cognitiva están basados en la construcción de escenas determinadas que conducen a modificaciones del comportamiento y de la fisiología. Los expertos consideran que la realidad virtual es una técnica mucho más potente a la hora de abordar patologías como la claustrofobia, la agorafobia —miedo a encontrarse atrapado en un espacio sin salida—, los trastornos de la alimentación e, incluso, enfermedades mentales tan graves como la esquizofrenia.
Estas alteraciones incapacitan a los que las sufren para llevar una vida normal y enfrentarse a situaciones cotidianas. Los escenarios cibernéticos dan la oportunidad de entrar en contacto con aquello que angustia al enfermo en un entorno donde sabe que nada le puede pasar. Constituyen, según Botella, una transición entre la consulta del terapeuta y el mundo real que para estos individuos es una amenaza.
Los escenarios virtuales son muy flexibles y fáciles de programar de modo que, teóricamente, se pueden crear situaciones a la carta adaptadas a cada paciente. Y decimos en teoría porque aún existen limitaciones técnicas que lo impiden, aunque la ciberpsicóloga española asegura que dentro del proyecto europeo EMMA se ha logrado desarrollar programas extraordinariamente versátiles.
Sin embargo, el objetivo de EMMA es mucho más ambicioso y trasciende lo puramente patológico. La meta es emplear la realidad virtual como medio de crecimiento personal creando entornos para comprender las reacciones emocionales ante el exterior y perfeccionar habilidades e, incluso, poner a prueba nuestras ideas.
Pero esta modalidad terapéutica no se conformará con permanecer confinada en las salas de tratamiento, sino que en un futuro muy cercano llegará a los PC de los pacientes. Éstos podrán descargarse los programas correspondientes desde su casa y a partir de ahí ellos mismos decidirán cuándo y cómo administrarse la terapia. La telepsicología, que así la han bautizado los expertos, ha comenzado ya su andadura aunque todavía tímidamente. El grupo de Cristina Botella ha desarrollado un programa interactivo para superar el miedo a hablar en público que ya está comercializado y accesible en la Red. Evidentemente con esta modalidad se pierde un elemento muy importante en el proceso terapéutico. Se trata del contacto con el especialista que es, en muchos casos, la clave del éxito de un tratamiento. A este respecto, Botella explica que la telepsicología es particularmente útil en aquéllos casos en los que el terapeuta se encuentra geográficamente lejos de su paciente o también para aquellos individuos cuyos trastornos no son muy graves y que de otro modo nunca acudirían a una consulta.
FUTURO. Sin embargo, el futuro a medio o largo plazo que algunos especialistas describen es aún más cibernético. Si las predicciones se cumplen, las distancias entre el humano y la máquina se acortarán más aún. En la próxima década, la escena tecnológica estará copada por lo que se denomina inteligencia ambiental. Bajo este nombre se esconde una realidad cotidiana sembrada de procesadores en los objetos más comunes e, incluso en los materiales de construcción, de tal forma que todos los elementos del entorno serán capaces de comunicarse entre sí y con los habitantes del entorno.
En el ámbito de la medicina, la inteligencia ambiental se materializará en aplicaciones como ropas capaces de evaluar en cada instante el estado físico y enviar las constantes biológicas al centro sanitario o implantes que captarán los datos anatómicos y fisiológicos dejándolos fácilmente accesibles para los médicos. De ahí que se haya acuñado el concepto de cuerpo transparente porque será como un libro abierto del que los chips obtendrán hasta el más mínimo dato de su funcionamiento. También estará disponible lo que se denomina avatar médico o yo digital, una representación virtual del individuo que podrá cargarse en una tarjeta de crédito. Será una réplica exacta y detallada del organismo de la persona original que irá actualizándose con el tiempo, de modo que crecerá y envejecerá con el ser de carne y hueso. Se empleará con fines médicos, pero también para simular por ejemplo cómo afectaría a la salud del humano original un cambio de dieta o comenzar a fumar.
Es lícito preguntarse si en un porvenir semejante se podrá también informatizar el ingenio, la creatividad o incluso, el espíritu. Sólo cabe esperar que no sea necesario que Neo, el personaje que interpreta Keanu Reeves en Matrix, tenga que venir a liberar al planeta de la dictadura de las máquinas.
Gráfico: Realidad virtual en psicología (en PDF)
 | | De visita rutinaria a la consulta del «ciberpsicólogo» |  | El individuo entra en la consulta del psicólogo y como en cualquier otra explica sus síntomas. El terapeuta, ayudado por las herramientas habituales, concluye que la persona que tiene delante padece claustrofobia, un trastorno caracterizado por el miedo irracional a permanecer en un lugar de dimensiones reducidas o con poca ventilación.
La parte del tratamiento de cualquier tipo de fobia que ha demostrado tener mayor eficacia es lo que se conoce como exposición en vivo, que no es otra cosa que poner al paciente directamente en contacto con las situaciones que le provocan angustia o terror. Y es aquí, precisamente, donde la consulta del ciberpsicólogo muestra sus peculiaridades. Llegado este punto de la terapia, que según Cristina Botella es más o menos «después de la segunda sesión», el enfermo se enfundará las gafas típicas de realidad virtual. Un dispositivo que le transporta a un mundo de imágenes creadas por ordenador y que le hacen sentir como si, realmente, estuviera inmerso en él. Claro que no todas las personas son capaces de dejarse llevar por el universo artificial. «Hay individuos que no se meten bien en la realidad virtual. Alrededor de un 10% no lo logra», precisa Botella.
Supongamos que el enfermo del ejemplo no forma parte de ese porcentaje. A lo largo de las sucesivas sesiones, las gafas le transportarán a los entornos que más teme: un ascensor, un túnel o un habitáculo minúsculo, entre otros. La experiencia se hará de forma progresiva, de modo que el individuo vaya ganando confianza poco a poco.
El grupo de Botella ha diseñado diversos escenarios en los que el terapeuta puede controlar las condiciones para aumentar o disminuir el grado de dificultad. Han creado una habitación en la que las paredes se pueden ir estrechando poco a poco hasta reducir considerablemente sus dimensiones y también un ascensor donde el psicólogo decide cuántas personas entran y salen. Y para que el reto sea aún mayor es posible añadir sonidos como los latidos del corazón o la respiración asociados a momentos de angustia.
Aunque en principio podría parecer una tortura, los expertos aseguran que, de este modo, el paciente se habitúa a las situaciones que le producen terror y aprende a manejarlas. Para moverse por el espacio virtual, los enfermos disponen de un joystick (un mando de control empleado típicamente para los videojuegos) o un ratón porque, según explica Botella, con los guantes y otros elementos no se sentían lo suficientemente cómodos como para vivir la experiencia de «estar allí», algo básico para que la terapia sea eficaz.
En ciertos casos, los pacientes no tienen que llevar puestas las características gafas de realidad virtual sino que la simulación se hace en una sala en penumbra y con una gran pantalla. También, en este caso, se pueden manipular las condiciones y las imágenes para que el sujeto viva una experiencia lo más cercana posible al mundo real.
Los expertos coinciden en señalar que en el tratamiento psicológico la perfección del entorno virtual no es una característica imprescindible para que la terapia funcione. Sin embargo, esta metodología también se está ensayando en otras áreas de la neurociencia. Para ciertas aplicaciones, como es el estudio del comportamiento, es importante que la simulación sea lo más real posible. Por este motivo, investigadores de la Universidad Brown, en EEUU, han creado lo que denominan VENLab, el mayor espacio existente para la investigación de realidad virtual. Se trata de una gran sala con todo el equipamiento informático de simulación en la que es posible caminar libremente por los ciberescenarios como si se tratara de una habitación de su propia casa.
Por ANGELA BOTO
Fuente: http://www.elmundo.es/salud/2004/563/1078515901.html
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¿Que es la conciencia? ¿Puede estudiarse, medirse? El doctor Álvarez Leefmans, Presidente de la Sociedad de Bioquímicos Latinoamericanos y Jefe del Departamento de Neurología del Instituto Nacional de Psiquiatría, responde a estas interrogantes y nos lleva de la mano por los caminos de esa entidad inaprehensible para el conductismo y el psicoanálisis.
 LA CONCIENCIA ES UN FENÓMENO NATURAL QUE REPRESENTA LA cúspide de la evolución del sistema nervioso. Es al mismo tiempo la más obvia y la más enigmática de todas las funciones mentales. Entender su naturaleza y explicar cómo surge de la actividad cerebral es uno de los retos intelectuales más apasionantes del siglo que comienza y constituye, sin duda alguna, la última frontera de las neurociencias.
Todos tenemos una idea intuitiva de lo que es la conciencia, pues todos la experimentamos de manera directa. Sin embargo es difícil definirla, por tratarse de un proceso subjetivo, personal, aparentemente intangible. Por algún tiempo, de resultas de la influencia del conductismo, la psicología ignoró o incluso negó la existencia de la conciencia. Es difícil comprender cómo sucedió esto, pues, siendo criaturas conscientes, ignorar la existencia de la conciencia es negarnos a nosotros mismos, es negar nuestro "yo". El psicólogo Julian Jaynes (1920-1997) decía (1) que "es un ejercicio interesante sentarse y tratar de adquirir conciencia de lo que significa decir que la conciencia no existe". La explicación de esta posición está en las circunstancias históricas en las que surgió el conductismo, en una época que siguió a la Primera Guerra Mundial, en la cual el colapso del idealismo y el triunfo de la ciencia y la tecnología crearon una edad revolucionaria que exigía nuevas filosofías. El mundo estaba cansado y temeroso del pensamiento subjetivo y anhelaba hechos objetivos. En Estados Unidos, donde este anhelo cobraba una fuerza inusitada, un hecho objetivo era un hecho pragmático, y el conductismo proporcionó esto en la psicología, aunque sólo fuera de manera ilusoria, pues fue un método y no la teoría que quiso ser.
Otro hecho no menos importante que minimizó la importancia de la conciencia fueron las ideas psicoanalíticas de Sigmund Freud (1856-1939), Carl Jung (1875-1960) y sus seguidores, para quienes lo consciente constituía sólo una pequeña parte de la mente humana, que estaba dominada por el "subconsciente" o "inconsciente". Es bien conocida la metáfora que describe el tamaño y la importancia de la conciencia como la punta de un iceberg, cuyo enorme cuerpo se encuentra sumergido en el océano, por debajo del umbral de lo consciente, representando al "inconsciente".
Con la decadencia del conductismo y del psicoanálisis retornó la conciencia al ámbito de la psicología y de la filosofía. Sin embargo, salvo algunas excepciones, no fue hasta años recientes cuando comenzó su estudio científico, hasta convertirse en una de las prioridades de las neurociencias contemporáneas. Este abordaje tardío del tema de la conciencia por parte de las neurociencias obedeció a dos hechos principales. En primer lugar se tenia el prejuicio de que, dado su carácter subjetivo, la conciencia no era susceptible de estudio por los métodos objetivos de la ciencia. En segundo lugar, muchos científicos consideraron prematuro aventurarse a investigar el fenómeno de la conciencia sin antes contar con un conocimiento suficiente de la estructura y de la función del sistema nervioso. Hoy por hoy, el problema de la conciencia ocupa de nuevo un lugar prominente en la filosofía. (2) Lo que ha cambiado radicalmente es que, mientras los filósofos continúan haciéndose las mismas preguntas que los, han obsesionado desde la antigüedad griega, las neurociencias han empezado a contestarlas.
¿Qué es la conciencia?
Cualquier definición de la conciencia en el momento actual no puede tener más que un carácter preliminar y por ende provisional. Con frecuencia se la define como una función mental mediante la cual nos percatamos del "yo". Esta definición es incompleta. Es cierto que conciencia es advertencia del "yo", de nuestra identidad personal. Más aún, el cerebro, actor de la conciencia, es el único órgano corporal que no puede trasplantarse sin que un individuo pierda su identidad. Sin embargo, nuestra...
Fuente: Publication: Letras Libres Publication Date: 01-JUN-02 Author: Alvarez Leefmans, Francisco Javier
 TEMAS: biología, zoología, entomología, insectos, Hymenoptera
Las abejas británicas están compitiendo con las avispas estadounidenses para ocupar el puesto de detectoras ultrasensibles de olores; tienen poderes olfativos sorprendentes, pero apenas se explota dicha habilidad.
Las abejas británicas están compitiendo con las avispas estadounidenses para ocupar el puesto de detectoras ultrasensibles de olores, con aplicaciones que incluyen oler explosivos, diagnosticar enfermedades y supervisar la calidad de la comida. Los insectos son igual de sensibles que los sabuesos pero pueden ser "entrenados" mucho más rápido que los perros en el reconocimiento de moléculas específicas.
Durante décadas los científicos han sabido que los insectos tienen poderes olfativos sorprendentes, detectando moléculas en el aire en concentraciones por debajo de una parte por billón, pero sólo recientemente descubrieron formas de explotar dicha habilidad.
En Reino Unido, una compañía llamada Inscentinel, cuya matriz es Rothamsted Research ubicada en Hertfordshire, al norte de Londres, ha estado trabajando durante cuatro años para utilizar a las abejas en la detección de vapor. En Estados Unidos, investigadores de la Universidad de Georgia están utilizando avispas parasitarias de un modo similar.
Debido a que los insectos que vuelan libremente son difíciles de controlar, ambos equipos de investigación desarrollaron una tecnología para retenerlos en unidades portátiles de detección. Posteriormente, análisis de imágenes en computadora muestran, con base en su comportamiento, si las abejas pueden oler las moléculas.
Los dos insectos pueden ser entrenados en unos cuantos minutos para que reconozcan una molécula en particular, utilizando el condicionamiento pavloviano. A las abejas o avispas se les alimenta con una solución de azúcar al mismo tiempo en que huelen el químico en cuestión que podría, por ejemplo, ser un explosivo fabricado por el hombre o un compuesto natural producido por comida en descomposición.
La diferencia más obvia entre las dos posturas es que las avispas de Georgia vuelan libremente dentro del contenedor de "avispas sabueso". Un ventilador emite aire a través de un pequeño orificio; si la molécula específica está presente, los insectos se agrupan alrededor del orificio.
Las abejas de Inscentinel, en contraste, están literalmente sujetas a pequeños arneses. Cada unidad de detección de Inscentinel contiene una "cinta" con tres abejas y una cámara enfocando las cabezas de los insectos. En presencia del olor al que se sienten atraídas, las abejas sacan su probóscide o lengua. Rachael Carson, gerente general de la compañía, señaló que los insectos normalmente pasan dos días dentro de la cinta y posteriormente son liberados para que regresen a su colmena, sin alteraciones o daños de ningún tipo.
La principal fuente de financiamiento para ambos sistemas ha provenido hasta ahora del Departamento de Defensa y de organizaciones de seguridad. "Creo que la primera aplicación comercial será en seguridad", destacó la doctora Carson. "Hemos hecho estudios de campo con explosivos escondidos en automóviles y estamos por iniciar investigaciones para detectar explosivos en carga aérea".
Inscentinel —fundada por Oxford Technology Venture Capital Trusts— también está trabajando en aplicaciones médicas, entrenando a las abejas para que huelan moléculas "marcadoras" producidas por bacterias determinadas y tumores. Un proyecto de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres pretende diagnosticar tuberculosis, y otro del hospital Amersham se centra en el cáncer de vejiga.
Carson señaló que también existen aplicaciones prometedoras en la industria de los alimentos y bebidas, por ejemplo, para detectar el deterioro del jugo de naranja recién exprimido.
El equipo de Georgia también está trabajando en aplicaciones de seguridad para su avispa sabueso, tales como detectar fugas en tuberías de químicos y toxinas naturales producidas por hongos, nueces y otros alimentos.
Hasta ahora no se han publicado comparaciones entre los dos sistemas. No obstante, ambos equipos consideran a los perros rastreadores y a las "narices electrónicas" como su principal competencia. "Somos 100 veces más sensibles que la tecnología de la nariz electrónica", comentó Glen Rains de la Universidad de Georgia, "y entrenar a los perros implica seis meses y 15 mil dólares". Si los insectos rastreadores obtienen un nicho, las abejas tendrán su sitio.
Fuente: El Universal
¿ADICTOS A LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS? La importancia de saber desconectar
MADRID.- ¿Es usted de los que pone el móvil encima de la mesa mientras está en un restaurante? ¿No puede apagar la PDA los fines de semana? ¿Se siente incapaz de escuchar el aviso de un nuevo 'sms' y no lanzarse a ver de qué se trata? Dos investigadores canadienses han publicado un comentario en la revista 'Journal of the American Medical Association' (JAMA) analizando cómo nos han cambiado la vida las nuevas tecnologías, y cómo pueden afectar a nuestra salud y calidad de vida.
Jamie Spiegelman y Allan Detsky, de la Universidad de Toronto (Canadá), reconocen que las nuevas formas de comunicación han traído "ventajas obvias" tanto al mundo de los negocios, de la salud o de la vida privada. Permiten comunicar información "con gran rapidez en cualquier lugar y situación", destacan ellos, y han facilitado además la comunicación entre científicos de todo el mundo, que pueden trabajar juntos desde distintos laboratorios a miles de kilómetros de distancia. O compartir las imágenes de una radiografía con otros colegas a través del ordenador para conocer su opinión.
Pero, ¿qué ocurre cuando el uso de la tecnología deja de ser "funcional" y empieza a inmiscuirse en el día a día? Spiegelman y Detsky analizan en su artículo cuáles son algunos de los problemas que puede provocar este fenómeno, que tiene menos de 20 años de antigüedad y al que la agenda sanitaria deberá empezar a prestar atención a partir de ahora.
Y no sólo porque hablar por teléfono en el coche, incluso con los dispositivos de manos libres, aumente las distracciones de los conductores y su probabilidad de sufrir un accidente de tráfico. Sino porque el móvil nos ha 'robado' una parte de la comunicación cara-a-cara, que se ha visto sustituida por los mensajes de texto o las conversaciones telefónicas, hasta el punto de generar "comportamientos antisociales". ¿Una ventaja o una esclavitud?
Pero además, los investigadores destacan que las tecnologías móviles impiden a muchas personas "mantener las fronteras entre su vida laboral y personal", porque la ventaja de estar conectado permanentemente se ha convertido en una "esclavitud". "Con la comunicación instantánea, los individuos están trabajando más duro que nunca y hay encuestas que demuestran que los ejecutivos son cuatro veces más propensos a trabajar en sus vacaciones que un empleado llano".
Esta incapacidad para equilibrar el trabajo con la vida privada puede tener muchas consecuencias negativas, subrayan, "desde absentismo laboral hasta baja productividad, elevados niveles de estrés o incapacidad para mantener relaciones con la familia, los amigos o disfrutar de las actividades de ocio".
Además, desde otro punto de vista, Spiegelman y Detsky sostienen que esta nueva era está cambiando nuestra percepción del tiempo, provocando una necesidad artificial de estar siempre conectados y convirtiéndonos en seres capaces de hacer varias tareas el mismo tiempo (escribir un mensaje de móvil mientras mantenemos una conversación, por ejemplo). "Esta necesidad de estar permanentemente disponibles hace que muchos individuos se sientan inseguros cuando se ven separados de sus aparatos por algún motivo", apuntan, "y esto puede tener diferentes consecuencias en nuestro bienestar emocional".
En su comentario, los autores se preguntan: "¿Es posible que la necesidad compulsiva de leer un nuevo mensaje de texto, independientemente de lo que se esté haciendo, sea insana? (...) ¿Se puede considerar un trastorno la compulsión por estar siempre en contacto? (...) ¿Cómo se puede medir el uso apropiado o inapropiado del móvil?". La respuesta, añaden, "tendrá que estar en la agenda de los investigadores a partir de ahora". Porque quizás ha llegado el momento de establecer "la importancia de estar desconectado".
Por MARÍA VALERIO
«En la Tierra del Fuego, – explica Charles Darwin – un nativo tocó con su dedo un poco de carne fría en conserva que yo estaba comiendo en nuestro campamento y mostró con claridad el enorme asco que le producía su textura blanda. Por mi parte, también sentí un tremendo asco ante el hecho de que un salvaje desnudo tocara mi comida, aunque sus manos no parecieran estar sucias».
Es una primera aproximación al sentimiento universal de asco. Darwin se adelantó al describirlo como una adaptación evolutiva, un reflejo que nos protege de la amenaza de contagio. Un asco humano que sirvió, según los investigadores, para salvar al hombre primitivo de morir envenenado a las primeras de cambio.
Ese instinto primitivo está marcado a fuego en las profundidades de la mente. El psicólogo Paul Rozin lo demuestra con un sencillo experimento: ¿Te resultaría desagradable tragar la saliva que tienes en la boca en este momento? – pregunta Rozin. Este acto no parece despertar repulsión en nadie. ¿Y si te piden que escupas esa misma saliva en un vaso y te la bebas? Asqueroso. La explicación es sencilla: Lo que está fuera de nuestros cuerpos ha dejado de formar parte de nosotros, es percibido por nuestra mente como algo ajeno y sospechoso, se convierte en rechazable.
Un estudio a nivel mundial demostró hace unos años la existencia de una asquerosidad universal: excreciones corporales, heridas, enfermedades, comida estropeada y un considerable número de criaturas, como insectos, ratas y gusanos. No hace falta ser un lince para comprender que son las principales vías de transmisión de enfermedades infecciosas.
"Nuestros cuerpos y nuestras almas son los principales generadores de lo asqueroso - dice William Ian Miller en “Anatomía del asco” – Lo que nos recuerdan los animales, aquellos que nos dan asco —insectos, babosas, gusanos, ratas, murciélagos, tritones, ciempiés— es la vida: una vida exudante, babosa, viscosa, hormigueante, desastrosa y anormal. No tenemos que recurrir a los animales para recordar esto; nos basta con un espejo".
Otros estudios demuestran que el asco varía según el país o la clase social y sobre todo evoluciona con la edad. Antes de los tres años uno es capaz de comerse una rana cruda, o moldear una bonita escultura con sus propias heces. Hasta el día en que, de repente, nos asalta un asco vital, insoportable, el asco de los adultos. “Dime lo que te da asco y te diré quién eres” - dice Amelie Nothomb. Y es posible que, como dice ella, sean nuestras repulsiones lo que realmente nos define.
La Abuela Margarita, curandera y guardiana de la tradición maya, se crió con su bisabuela, que era curandera y milagrera. Practica y conoce los círculos de danza del sol, de la tierra, de la luna, y la búsqueda de visión. Pertenece al consejo de ancianos indígenas y se dedica a sembrar salud y conocimiento a cambio de la alegría que le produce hacerlo, porque para sustentarse sigue cultivando la tierra. Cuando viaja en avión y las azafatas le dan un nuevo vaso de plástico, ella se aferra al primero: "No joven, que esto va a parar a la Madre Tierra". Resuma sabiduría y poder, es algo que se percibe con nitidez, cuando te mira a los ojos y te dice que somos sagrados, algo profundo se agita.Ella nos dice: "Tengo 71 años. Nací en el campo, en el estado de Jalisco (México) y vivo en la montaña. Soy viuda, tengo dos hijas y dos nietos de mis hijas, pero tengo miles con los que he podido aprender el amor sin apego. Nuestro origen es la Madre Tierra y el Padre Sol. El poder del cosmos, de la tierra y del gran espíritu está ahí para todos, basta tomarlo. Los curanderos valoramos y queremos mucho los cuatro elementos (fuego, agua, aire y tierra), los llamamos abuelos. La cuestión es que estaba una vez en España cuidando de un fuego, y nos pusimos a charlar con el fuego. "Yo estoy en ti", me dijo. "Ya lo sé", respondí. "Cuando decidas morir retornarás al espíritu. "Todo tu cuerpo está lleno de fuego y también de espíritu -me dijo-,ocupamos el cien por cien dentro de ti. El aire son tus maneras de pensar y ascienden si eres ligero. De agua tenemos más del 80%, que son los sentimientos y se evaporan. Y tierra somos menos del 20%". La muerte no es muerte, es el miedo que tenemos al cambio. Cuando miras a los ojos y dejas entrar al otro en ti y tú entras en el otro y te haces uno. Esa relación de amor es para siempre, ahí no hay hastío. Debemos entender que somos seres sagrados, que la Tierra es nuestra Madre y el Sol nuestro Padre. Aquí la tierra se explota, no se venera. ¡La felicidad es tan sencilla!, consiste en respetar lo que somos, y somos tierra, cosmos y gran espíritu. Debemos ver nuestro cuerpo como sagrado y saber que el sexo es un acto sagrado, esa es la manera de que sea dulce y nos llene de sentido. Si banalizas eso, ¿qué te queda? Devolverle el poder sagrado a la sexualidad cambia nuestra actitud ante la vida. Cuando la mente se une al corazón todo es posible. Yo quiero decirle algo a todo el mundo:
-Que pueden usar el poder del Gran Espíritu en el momento que quieran.Cuando entiendes quién eres, tus pensamientos se hacen realidad. Yo, cuando necesito algo, me lo pido a mí misma. Y funciona.
-Hay muchos creyentes que ruegan a Dios, y Dios no les concede.
-Porque una cosa es ser limosnero y otra, ordenarte a ti mismo, saber qué es lo que necesitas. Muchos creyentes se han vuelto dependientes, y el espíritu es totalmente libre; eso hay que asumirlo. Nos han enseñado a adorar imágenes en lugar de adorarnos a nosotros mismos y entre nosotros.
-Debemos sutilizar nuestra sombra, ser más ligeros, afinar las capacidades, entender. Entonces es fácil curar, tener telepatía y comunicarse con los otros, las plantas, los animales. Si decides vivir todas tus capacidades para hacer el bien, la vida es deleite.
-Momentos antes de morir mi hija me dijo: "Mamá, carga tu sagrada pipa, tienes que compartir tu sabiduría y vas a viajar mucho. No temas, yo te acompañaré". Yo vi con mucho asombro como ella se incorporaba al cosmos. Experimenté que la muerte no existe. El horizonte se amplió y las percepciones perdieron los límites, por eso ahora puedo verla y escucharla.
-Mis antepasados nos dejaron a los abuelos la custodia del conocimiento: "Llegará el día en que se volverá a compartir en círculos abiertos". Creo que ese tiempo ha llegado.
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